Liberarse, Transformarse, Crecer por Axel Piskulic

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Estas tres imágenes me encantan. Forman un conjunto, se refuerzan entre sí. Describen las fantasías descontroladas de tres personajes muy diferentes pero que sueñan despiertos con situaciones parecidas.

Las fantasías de un adolescente (Autor: Tiago Hoisel)
Las fantasías de un tiburón (Autor: Tiago Hoisel)
Las fantasías de un lobo (Autor: Tiago Hoisel)
Las tres imágenes son de Tiago Hoisel

Claro que estas fantasías no pueden hacerse realidad, pero no sólo porque son tan exageradas…

La Ley de Atracción asegura que podemos hacer realidad todos nuestros deseos. En principio no hay limitaciones a lo que podemos pedir y obtener. El problema con las fantasías que aquí se muestran es que si se hicieran realidad habría otras personas que saldrían perjudicadas. Y esto va en contra de la Ley de Atracción… y del sentido común.

Basta con pensarlo un poco. El mundo sería un lugar muy peligroso para todos si cualquier persona pudiera afectar negativamente a los demás con sólo desearlo. Por ejemplo, a los malos políticos deberían sucederles cosas terribles porque serían las víctimas preferidas de la gente que los padece, pero en general nada especialmente malo les pasa a los políticos. Esto simplemente no sucede, las cosas no funcionan así.

Tenemos un milagroso poder creador, pero sólo podemos modificar nuestra realidad personal, nuestras propias experiencias. Claro que hay personas a nuestro alrededor a las que podemos beneficiar o perjudicar, pero ellos están ejerciendo su propio poder creador y son responsables ciento por ciento de lo que les pasa, incluso de hacernos formar parte de sus vidas.

Podemos desear que los políticos que nos parecen corruptos vayan ya mismo a la cárcel, que los compañeros de trabajo que sentimos que nos maltratan sean despedidos y que nuestra expareja, que tanto dolor nos ha causado, se quede sola o solo para siempre. Pero en ninguno de estos casos conseguiremos afectarlos realmente.

Caricatura que representa el karma, causa y efecto.

Pero acostumbrarnos a pensar de esta manera, emitiendo juicios y condenando mentalmente cada falta de los demás, sólo tendrá una inesperada consecuencia: nos juzgaremos también a nosotros mismos por cada error cometido, pero en nuestro caso el castigo sí puede concretarse, ya que somos nosotros los que creamos nuestra realidad.

Si juzgar a los demás se convierte en un hábito, no podremos evitar juzgarnos también a nosotros mismos y sentirnos culpables. Y si tenemos la creencia de que a cada culpa le corresponde un castigo, modificaremos nuestra realidad (de manera inconsciente) para recibir efectivamente ese castigo, el que nos llegará en la forma de problemas, conflictos o fracasos.

Esta es la película “Tú puedes sanar tu vida”, de Louise L Hay. En las primeras escenas podemos escuchar los “diálogos internos” de diferentes personas. Son sólo tres minutos:

Es necesario hacer las paces con esa parte crítica que llevamos adentro. Puede mostrarse muy estricta, incluso cruel. Hasta es posible que sintamos miedo de su desaprobación. Pero si es una parte de nuestro propio mundo interno, no puede haber nada malo con ella. Sólo es necesario entenderla, comprender que detrás de esa actitud tan severa no puede haber más que temor e inseguridad.

En las siguientes escenas de la película “El mago de Oz” podemos ver cómo el terrible mago de voz atronadora, al que todos le tenían más miedo que respeto, finalmente resulta ser un hombre común, incluso inseguro… y además era bueno y generoso! Es descubierto de una manera muy simple: descorriendo la cortina detrás de la que se ocultaba para representar su papel.

Recién después de esta reconciliación los protagonistas recibieron como recompensa los dones que tanto anhelaban… que en realidad siempre habían tenido pero que aún no podían expresar plenamente.

La protagonista del siguiente video tiene 54 años (aunque no los represente!). Canta muy bien, pero seguramente no tardó 54 años en aprender a cantar así. Aunque tal vez sí necesitó todo ese tiempo para conocerse, para reconciliarse consigo misma y para integrar armoniosamente diferentes aspectos de su mundo interno. Y cuando esa maravillosa integración le sucede a una persona siempre es un hecho hermoso, conmovedor…

Cómo llevar a cabo este milagroso cambio

La oruga también experimenta una milagrosa metamorfosis para llegar a convertirse en mariposa. Pero al igual que nosotros no es capaz de planificar, conducir o provocar esa transformación… Sólo está lista para acompañar el proceso.

Una mujer transformándose, como las mariposas (Transition, by Kirk Shannon)
La imagen es de Kirk Shannon

Podemos intentar recorrer diferentes caminos, como el psicoanálisis o la práctica de la meditación. Pero ya que nos gustaría experimentar un cambio milagroso… pidamos simplemente un milagro. Podemos repetir mentalmente una sencilla oración pidiendo que sea sanada nuestra mente, que seamos liberados del hábito de emitir juicios, que aprendamos a apreciar siempre lo positivo de nosotros, de cada persona y de cada situación, que sea descorrida cualquier “cortina” que nos esté impidiendo vernos a nosotros mismos tal como somos y así poder conocernos plenamente.

Si nos mostramos decididos a aprender más acerca de nosotros y de cómo funciona nuestra mente, si nos conectamos con ese Poder Superior, del cual siempre formamos parte, y le pedimos ser transformados en lo que es nuestro destino llegar a ser, entonces seguramente todas las experiencias y todos los recursos necesarios para nuestra evolución simplemente vendrán a nuestro encuentro.

Axel Piskulic

Compartido aquí con Permiso del Autor

Originalmente en:

Liberarse, transformarse, crecer…

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